Las expectativas del usuario y el año nuevo
A principios de los años noventa del, ya pasado, siglo XX, las comunicaciones móviles estaban en floreciente expansión en todo el mundo. El boom de la telefonía móvil tardaría unos años más en llegar a España.
El año 1994 fue decisivo para su futuro desarrollo, tanto por el proceso de liberalización emprendido como por el cambio de actitud del mercado, que comenzó a considerarlo como un servicio cotidiano. A finales de 1994 el servicio analógico, por aquel entonces liderado por la marca MoviLine, perteneciente a Telefónica, rondaba el medio millón de clientes y disponía de una cobertura equivalente al 98% del territorio y al 98% de la población. Por otra parte se comenzaba a implantar el servicio de telefonía móvil digital. En diciembre de ese año se produjo la apertura del mercado, con la concesión de una segunda licencia GSM a la empresa Airtel, ahora Vodafone. El ansiado despegue de la telefonía móvil llegaría a España en 1995. Aquel año, sólo el 2,4% de la población utilizaba teléfonos móviles, una cifra que se ha multiplicado por 37, hasta el 89,4% de abonados en el año 2003 (fuente: Eurostat, 2005).
Una década después, cerca del 60% de los hogares españoles cuenta con teléfono móvil (fuente: Encuesta CMT-INE, 2002) y se han invertido cifras millonarias en infraestructuras, I+D y servicios. A pesar de todo esto, año tras año sigue ocurriendo lo mismo, tras celebrar el comienzo de un nuevo año resulta imposible llamar a tus familiares y/o amigos para felicitarlos, al menos este ha sido mi caso desde que soy usuario de telefonía móvil, hace ya algunos años. Como usuario me da igual que las líneas estén saturadas o la red ocupada, tan sólo quiero poder hacer lo mínimo que se espera del servicio: poder comunicarme con otra persona. En esos momentos pierde cualquier interés el resto de añadidos al servicio (y al terminal) que nos venden como imprescindibles. Si tienes al lado al pesado de turno que va presumiendo de móvil bluetooth con cámara, vídeo, radio…, es la ocasión ideal para decirle: "sí, pero tú tampoco puedes llamar".